La Nación: La baja de tasas impulsada por el Gobierno le llegó a las empresas, pero todavía no a las familias
26/07/2026
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Los rendimientos del sistema financiero cayeron del 35% en enero a alrededor del 20% en julio, y el costo del adelanto a empresas se derrumbó a 25,6%, pero el de los préstamos personales apenas bajó de 68% a 64,8%; la mora de las familias, en 12,8%, es parte de la explicación
La baja de tasas de interés que impulsó el Banco Central (BCRA) en los últimos meses llegó a las empresas, pero todavía no logra trasladarse al bolsillo de las familias. Los bancos redujeron con fuerza el costo del crédito comercial, mientras que los préstamos personales y el costo de las tarjetas de crédito apenas se movieron. La razón, dicen en el sector financiero, es que la mora de las familias se mantiene en niveles altos y frena cualquier intento de baja de tasas.Desde enero, los bancos bajaron el costo de su fondeo (la tasa que pagan por los depósitos) del 35% a alrededor del 20% en julio, y el rendimiento de los plazos fijos la siguió de cerca: la tasa de referencia se ubica hoy entre 21% y 22,6% anual. Del otro lado del mostrador, el costo del adelanto en cuenta corriente que pagan las empresas se desplomó a niveles de entre 25% y 35%, desde valores de entre 50% y 75% de meses atrás. Los costos de los préstamos personales para los hogares, en cambio, apenas cedieron: cayeron de 68% en enero a 67% a mediados de julio, una compresión que no alcanza para hablar de crédito más barato para el consumo.La brecha entre lo que el sistema paga por captar depósitos y lo que cobra por prestarle a las familias es la parte de la ecuación que el Gobierno todavía no logra cerrar, pese a que esa era, justamente, la apuesta detrás de la baja de encajes. Es decir, que la mayor liquidez bancaria se tradujera en crédito más barato y, por esa vía, en un impulso al consumo. La explicación, otra vez, es la morosidad. Mientras la irregularidad crediticia de las empresas se ubica en 3,5%, la de las familias trepó a 12,8% en mayo, con los préstamos personales, en particular, en 15,9%, un salto que llevó a los bancos a endurecer los criterios de otorgamiento en lugar de compensar el riesgo con tasas más altas. El resultado es una foto invertida a la que el Gobierno esperaba, porque los depositantes cobran cada vez menos por su plazo fijo, pero eso no se refleja en el costo de financiarse para consumir.Es la continuidad de un fenómeno que ya se había detectado a mediados de mayo, cuando la tasa Tamar, que pagan los bancos por depósitos a plazo fijo de más de $1000 millones a un plazo de 30 a 35 días, rondaba el 22,5%, y los préstamos personales apenas cedían del 68% al 65,5%. Dos meses después, el costo de fondeo siguió bajando con fuerza, pero el precio del crédito al consumo se mantuvo prácticamente pegado al mismo nivel.Un banquero consultado por LA NACION señaló en reserva que, a medida que la situación se estabilice, los bancos van a volver a prestar. Pero en operaciones personales y créditos al consumo, el problema de mora que arrastran desde 2025 hace difícil que el sector privado salga a prestar fuerte en el corto plazo. En empresas, en cambio, ven margen para crecer, porque los bancos quieren ganar dinamismo en ese segmento, sobre todo con préstamos a sectores ganadores como energía, minería y agro.En el segmento en dólares, si aparece demanda, también puede haber más actividad, porque hoy sobra liquidez. Es la misma lógica que explica por qué el adelanto a empresas bajó tan rápido. Los bancos compiten por prestarles a clientes con menos riesgo de incumplimiento, mientras redoblan la cautela con las familias.La expectativa del sector es que el crédito a las familias empiece a reactivarse recién hacia fin de año o durante 2027, aunque de manera lenta y acotada, lejos del ritmo de expansión que tuvo en 2024. Antes de eso, el propio ciclo electoral del año próximo agrega un motivo adicional de cautela, ya que los bancos suelen prestar menos en los meses previos a una elección presidencial, a la espera de mayor certidumbre sobre el rumbo económico.Ese ritmo importa porque el crédito fue, en 2024, uno de los motores centrales de la reactivación económica. Los préstamos privados saltaron del 4% al 12% del PBI en apenas un año, un crecimiento que ayudó a explicar buena parte del rebote del consumo tras la salida de la recesión. Con ese motor frenado del lado de las familias, el Gobierno necesita que algo lo reemplace para sostener la actividad, sobre todo en un esquema que privilegia un tipo de cambio fuerte y apreciado. Eso complica la reconversión de los sectores menos dinámicos de la economía —la construcción y la industria, entre los más sensibles a la competencia de las importaciones y a los costos en dólares—, justo en un momento en el que el crédito, que podría amortiguar ese ajuste financiando capital de trabajo o consumo, todavía no logra abaratarse lo suficiente para las familias.
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